Detrás de mi árbol
escondí tu palabra,
quería que el silencio
fuera quien me llamara.
Quería saber
si realmente escuchabas,
lo que entre mis ramas
se ocultaba.
Era el acto de conocerme
el que mi corazón buscaba,
y te utilicé a ti,
el instrumento que amaba.
Mientras el viento susurraba
su canción de madrugada,
las hojas iniciaban el baile
de la verdad vislumbrada.
Y yo permanecía atento
al concierto que me dabas,
entre flores y lunas
la tierra me lo cantaba.
Esta partitura inmensa
que todo lo llenaba,
no tenía fin ni principio,
era la eternidad soñada.
Y en este gozar sublime
de melodía glorificada,
supe encontrarme yo mismo
a través de tu llamada.
Precioso y profundo amigo Juan.
ResponderEliminarQue profundidad..........
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