Llanto.
Lágrimas.
Agua salada,
brotando de unos ojos,
para lavar las heridas
que causan los enojos.
Un ángel de Dios,
disfrazado de enfado,
soltó la flecha
que causó mi desgarro.
Mi paz se ha marchado.
Y sigo llorando
para limpiar lo acordado.
Abrazar este llanto
cuesta tanto.
Las lágrimas son bombas
de un corazón explotado.
Cuando la lluvia de mis ojos cese,
cuando la tormenta haya acabado,
podré decir al mundo:
"He sanado".
Magnífico amigo Juan
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