La plaga más extendida es aquella que a tu cabeza motiva, que inunda tu mente de diatribas que no tienen salida, que busca los porqués de preguntas sin vida, montando un circo lleno de ceremonias, donde el espectáculo no termina. Te retuerces y quejas por lo que tu querer querría, para descubrir más tarde que el enfado es tu guía. Pretendes limitar la existencia, que se meta en tus vías, vías de creencias arraigadas por la fuerza, la fuerza de la costumbre que el tiempo vuelve intensa. Luchas y defiendes argumentos con vehemencia, estás enfermo, y no te das cuenta. Te olvidas de la magia que hace a la vida completa. ¿Dónde vas con tapujos, con límites y con exigencias? Es hora de enfadarse, y lo demás no cuenta. Pero, ¿Cómo mantener esta amalgama de sentencias? ¿Cómo escapar de un Ego que te amarra con sus vueltas? El enfado has de trascender, con decisión y firmeza. La coherencia y el saber serán las llaves de tu puerta. No te las dejes olvidadas, recuerda. "En Fa darse", la misma palabra te lo muestra. Sube tu vibración hacia la cuarta de la Tierra, y date sin condición, entrégate a tu excelencia. Descubrirás que en el Amor no existe enfermedad que no sea perfecta.
sábado, 26 de septiembre de 2015
sábado, 19 de septiembre de 2015
Voluntariamente Esclavo
Curiosamente uno de los términos que utiliza la RAE para definir la palabra "esclavo" es el siguiente:
"Trabajar mucho y estar siempre aplicado a cuidar de su casa y hacienda, o a cumplir con las obligaciones de su empleo".
¿Os suena? ¿Sois esclavos? ¿Cuántos seres humanos son esclavos en este siglo XXI en el que nos movemos?
Si nos remitimos a la antigüedad hay dos grandes referentes para todos en lo que se refiere al reconocimiento de la existencia de la esclavitud en una situación dada. El primero de ellos sería el Éxodo, en el Antiguo Testamento, cuando Moisés guio al pueblo de Israel a las puertas de su ansiada libertad. El segundo gran referente, es el relativo a la esclavitud de la raza negra en el sur de Estados Unidos, que fue uno de los supuestos desencadenantes de la guerra de Secesión. En estos dos puntos históricos hay un claro determinante que los diferencia, dejando aparte las variadas circunstancias exteriores de cada uno, de la esclavitud en la que nos vemos inmersos en el mundo de nuestros días, y ese determinante es el siguiente: "La consciencia de ser esclavo". Los colectivos históricos mencionados, amén de muchos más ocurridos a lo largo y ancho de nuestra existencia terrena, tenían una vivencia clara de su situación de sometimiento y eso les daba una gran ocasión para trascenderla, como de hecho ocurrió en cada caso con el pasar del tiempo. Ese reconocimiento les dio la luz que necesitaban para iluminar su camino en pos de una igualdad que era la que realmente demandaban sus corazones.
En cambio, aquí y ahora, eso no se da. Aún la mayoría de la humanidad no tiene consciencia en absoluto de que no vive, sobrevive. De que es esclava voluntaria de sí misma, cegada por una monotonía arrolladoramente dispersa que llena las mentes de datos y contenidos disuasorios que alimentan una y otra vez, cual bola de nieve que cae por la ladera, ese desconocimiento, esa ignorancia, de lo que verdaderamente Es. ¿Te has preguntado alguna vez a ti mismo si al menos eres un "esclavo consciente"? Porque si así fuera, sería la señal de que estás en la oportunidad, como ya hicieron nuestros ancestros, de liberarte. Esta vez estarías en puertas de dejar atrás la mayor esclavitud que se ha vivido nunca, una esclavitud invisible, sutil, manipuladora, que se apodera de tu alma y la envuelve en el paquete dorado de lo superfluo, para hacerte creer que te está dando vida, cuando en realidad te está matando. Aprovechad vuestra oportunidad y sed pacientes con vosotros, porque, por mucho que nos empeñemos en no verlo, la Vida se expresa sin cesar a través de todo lo que existe, y siempre habrá infinitas opciones para que os sintáis vivos, en el momento adecuado.
Para aquellos que, de algún modo, os reconozcáis muertos en vida, sabed que la muerte forma parte de la vida y que como tal, como hizo el Maestro Jesús, estáis capacitados para renacer de vuestras cenizas y empezar a Vivir. Resucitad hermanos a un mundo nuevo. El mundo de la consciencia plena, de la libertad y del Amor. Vosotros tenéis la llave de la puerta mágica de vuestro corazón que os llevará en volandas allá donde decidáis ir. De este modo, si decidid vivir, descubriréis que no habrá cadenas que os puedan atar nunca y que la esclavitud no existe, mas que dentro de uno mismo.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
En brazos del Ego
Existe un pequeño yo que está junto a nosotros en el comienzo de nuestro tiempo. Ese pequeño yo, ahora demonizado, ahora convertido en el blanco perfecto de nuestra diana de culpabilidades, es, como no puede ser de otro modo, una parte nuestra, que, al igual que las demás, debemos amar. En sí mismo, y aunque muchos no lo crean así, es una expresión más de lo que somos, es una parte donde también está presente la totalidad de tu ser. Este pequeño yo es como la llave maestra necesaria para encajar las piezas de lo que llamamos personalidad. Es un instrumento divino creado para que podamos experimentar la individualidad que nos es propicia en esta dimensión de la materia en la que hemos elegido manifestarnos. La importancia de ese aporte egoico-individualista que nos regala el hecho de creernos únicos y diferentes separándonos de los demás, es tal que ni siquiera somos capaces de vislumbrarla.
Imaginaos que sois una esfera que no sabe que es una esfera. Sin embargo os halláis inmersos en la experiencia de creeros un punto de la misma, de tal modo que pensáis que no existe otro punto igual a vosotros, pero la esfera, es decir, lo que sois en realidad, está formada por infinitos puntos que, al igual que vosotros, se creen únicos, diferentes y separados de los demás, cuando eso es algo virtualmente imposible. Esta primera fase de consciencia de unicidad-separación es la que pasamos todos cuando nuestro pequeño yo hace su amoroso trabajo y nos acompaña hasta casi invadirnos por completo. Posteriormente, a medida que nuestra evolución consciencial nos capacita para ello, nos vamos haciendo conscientes de la Unidad que somos, la esfera, y de que no existe nada que esté separado de nosotros.
Lo que ocurre es que aún una amplia mayoría de la humanidad se encuentra inmersa en esa primera fase y, por tanto, aunque el pequeño yo ya hizo su labor forjando nuestra personalidad para que vivenciaramos una individualidad que no existe, el ser humano se escondió. Se resistió a reconocerse a sí mismo y usando el Ego de parapeto se convirtió en personaje (invadido de personalidad) perdiendo así la autenticidad de estar vivo. Aun así, la llama de la vida está presente en todos y cada uno debajo de esa armadura dorada llamada apariencia, y, por mucho que nos empeñemos en lo contrario, por muy grueso que sea el armazón de nuestros miedos, un día se retirará. Y nuestro pequeño yo, nuestro ego, sintiéndose amado y reconocido por la inmensidad del Ser al que pertenece, desaparecerá, pues habremos dejado de ser punto, para ser esfera.
sábado, 25 de julio de 2015
Tiempo

Un tiempo que es expresión de la degeneración de lo físico, manteniéndote atado a los latidos del olvido que marcan el ritmo de tu memoria perdida.
Un tiempo que te utiliza como medida de una vida imposible, donde la prisa es la dueña de tus momentos.
Un tiempo de reloj artificial, que con el tic-tac de la inconsciencia te aleja a cada minuto de tu verdadera naturaleza.
Un tiempo de compromisos y artificios, que llenan tu agenda de datos manteniéndote vacío.
Un tiempo que devora tu hambre de descubrimiento, inundando de ceguera unos ojos que jamás se dan la oportunidad de ver lo que nunca han visto.
Un tiempo que te dice lo que eres, sin saber nada de ti, para arrastrarte a la creencia de una esclavitud plenamente aceptada.
Un tiempo que vive en tus silencios, en tus murmullos y en tus palabras, incapaz de acompañarse a sí mismo para que sientas la soledad como una desgracia que no tiene disfrute.
Un tiempo que apaga tus momentos más luminosos, llevándote a la noche de lo controlado, donde la masa se desenvuelve.
Un tiempo sin tiempo, lleno de tiempos muertos donde la presencia de lo invisible es continuamente ignorada.
Un tiempo guerrero, que te pide lucha constante llenándote de conflictos imaginarios que pueblan tus pensamientos para que no seas consciente de tu camino.
Un tiempo de sueños, de ilusiones, de rezos y maldiciones.
Un tiempo... que no existe.
lunes, 29 de junio de 2015
Muriendo en vida
El pasado jueves, en el encuentro del grupo de sanación, se hizo una vez más presente la importancia del desapego ("hacer desaparecer el ego"). Finalmente todo consiste en soltar y te das cuenta que son precisamente las ataduras, los agarres, los que nublan tu discernimiento haciéndote creer que el camino está lleno de piedras con las que tropezar. Y así te paseas por la vida sin disfrutar de tu paseo. Entretenido en millones de entelequias tecnológicas, culturales, morales, sexuales, sociales... y sigues tropezando. Tropiezas porque no ves por donde andas, porque ni siquiera sabes que andas. Obstinado en no escucharte pretendes ser escuchado, cuando el oído de tu alma está sordo de ruidos ostentosos que la colonizan. Abandonado en el desparrame no puedes pararte y continuas tropezando, justificando la zancadilla que te lleva directo al suelo de tu inconsciencia. Perdido en argumentos con afán de protagonismo, pierdes la vida y vives muriendo, a cada paso. Te has olvidado de vivir y has muerto sin saberlo, pero la vida, eternamente presente, sigue viva en ti a pesar de tu ignorancia. Expresándose, experimentándose, entre luces y sombras, claroscuros, enigmas, señales, coincidencias, causas y efectos, recorriéndose asimisma en un círculo infinito de realidades concatenadas. Por mucho que te empeñes, por mucho que te opongas, por mucho que te resistas, por mucho que luches, por mucho que sufras, al final, al final de todo, lo sepas o no, vives. ¿No crees que llegó el momento de dejar de oponerse? ¿Has pensado alguna vez en ello? ¿Has reflexionado cual es tu actitud ante la vida? ¿Cuál es el eje de todas o la mayoría de tus acciones? Obsérvate y descubrirás si estás realmente vivo o por el contrario estás muerto en vida. Cuando al observarte veas que estás alienado, que la monotonía es la dueña de tus instantes, que la obligación está por encima de la pasión, que la sonrisa está difuminada en tu rostro, entonces, querido amigo, estás muriendo, dejando de estar vivo, de vivir. Pero, no te preocupes, aún estás aquí, aún es tu momento. ¿Estás dispuesto? Pues adelante.
Empieza por sonreír. Es tan sencillo. Es tan sublime. Que tu sonrisa sea la carta de presentación de ti mismo a partir de ahora, señal inequívoca de que has decidido vivir una nueva vida. Con esta decisión ya abres la puerta de la reconciliación y el reconocimiento de lo olvidado. Las parcelas de tu Ser anteriormente abandonadas por la falta de consciencia empezaran a resurgir regadas por el amor que sale ahora de tu iniciativa. Será todo tan mágico que te sentirás mago y verás en los demás como la magia se expande. Eso sí, ten paciencia contigo, no hay nada que forzar, no hay nada que alcanzar, no hay nada que lograr, simplemente vive. Sigue tu ritmo y encontrarás tu música. Y cuando la nota de tu corazón sea una con la sinfonía de la consciencia, el viento de la verdad sacudirá tus velas, desde ese momento y para siempre, serás libre.
martes, 23 de junio de 2015
Dejar que la vida sea
Si el ser humano supiera integrarse con armonía en la sencillez de lo creado descubriría que el Todo no entiende de complicaciones. Empezaría a vivenciar la inutilidad de las disquisiciones y entonces, el silencio, ese fiel amigo que siempre ha estado ahí, ignorado, incomprendido, apartado, saldría al encuentro. Tú, con los brazos abiertos, lo recibirás sin extrañezas, y se fundirá contigo. Desde ese preciso instante seréis Uno, tu ser interno se manifestará protagonista y la mente, hasta ahora a los mandos de tu vida, pasará a estar a tu servicio. Seguirá creando, analizando, interpretando, organizando, pues estas son sus múltiples cualidades, pero lo hará silenciosa, sin juicio, jugando, desde el gozo y el disfrute que le confieren el ser portadora de unos pensamientos que, ahora sí, tienen su origen en la luminosa vacuidad del vacío de la existencia.
De inmediato, al convertirte cada vez más en lo creado, de manera natural, todo Es. La fluidez y el desapego se convierten en compañeros de viaje de unas experiencias que no hacen mas que regocijarte. Allá donde miras te ves. ¡Qué belleza el poder ver tu verdadero Ser en los ojos que te observan! Y descubres que todo te sigue, te acompaña, sin intervención, sin exigencia, con Amor. La creación quiere expandirse contigo y a través de ti, y lo hace, surge el Compartir, sin deseo, sin miedo, sin anhelo, sin expectativa, sin tiempo... con sabiduría, con templanza, con coherencia, con ternura, con humildad. Te pierdes y te encuentras en el juego sublime de una vida renovadora que expresa tu divinidad, y dejándote llevar, dejas que todo sea.
viernes, 5 de junio de 2015
Un niño llamado Miedo
Un día en que la luz se apagó y la oscuridad se volvió absoluta, vino al mundo un niño llamado Miedo. Su madre, llamada Incosciencia, llevaba tiempo esperando que llegara el añorado momento y no cabía en sí de gozo al imaginar que su hijo sería bien recibido en todos los hogares del mundo. Por otro lado, el padre, llamado Control, tenía absolutamente todo planificado en lo que a la vida del recién llegado se refería, había estudiado detenidamente el camino a seguir para que su hijo fuera lo que estaba destinado a ser, un triunfador. Alguien que estaría presente en cada acto, en cada acontecimiento, en cada reacción de una humanidad que perdida en sus disquisiciones no tendría ni la más remota idea de que Miedo sería su más fiel compañero.
En el hogar de Miedo había una serie de peculiaridades que lo hacían especial. Para empezar, no había espejos en toda la casa. La razón de esta ausencia se debió a que el niño, ya desde muy pequeño, manifestó una aversión brutal, a la vez que violenta, a cualquier tipo de reflejo. Al principio, el niño, ante cualquier tipo de insinuación con respecto a verse a sí mismo, ya fuera por algún reflejo perdido dentro de cualquier cristal o por cualquier luz repentina, por muy tenue que fuera, que pudiera aparecer, salía corriendo despavorido. Después, con el tiempo, esa agresividad contenida escapó, lo que ocasionó que en vez de huir destruyera con vehemencia todo aquello que pudiera llamarse reflejo, aunque fuera pálido y difuminado. Otra particularidad era la penumbra que se hacía presente allá por donde él andaba. Al haber nacido en la más completa de las oscuridades ésta se le hizo tan familiar que le acompañaba a todas partes, contagiando, a su vez, a todos aquellos que tenían trato con él.
La ambición de Miedo era tan grande que, fomentada por su padre Control y apoyada por su madre Inconsciencia, le llenaba por completo. Cierto día, cuando ya se había convertido en un joven poderoso, decidió que su casa a partir de entonces sería el mundo y su destino el corazón humano. No podía haber mayor gloria para él que llevar la oscuridad, la penumbra, a aquel lugar que según decían era el de mayor luz que se había visto jamás. Para ello, el señor Miedo se rodeó de grandes escuderos: la duda, el rencor, el orgullo, el desánimo, la mentira... y emprendió su cruzada. Su fuerza y poder eran tan grandes que la humanidad quedó esclavizada. Sin embargo, por más que lo intentó, nunca pudo apagar esa luz tan hermosa que reside en el corazón y que, con las armas del amor, no deja de extenderse iluminando oscuridades.
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