lunes, 25 de enero de 2021

El espejo de las grandes ocasiones

   Hace ya un tiempo, allá por el 2010, tuve una experiencia significativa que no ha hecho sino confirmarse con el paso de los años. Transcurría el terremoto de Haití y entré en meditación con el propósito de trasladarme y ayudar en lo posible en un acontecimiento que a mi mente se le antojaba dramático. El resultado fue algo totalmente opuesto a lo que mi mente había proyectado sobre la situación. Al llegar allí me encontré rodeado de luz por todas partes, una luz intensa, y de otras energías que, como yo, estaban prestando una labor de servicio al momento. Energías todas ellas muy luminosas y con una gran cantidad de amor en sí mismas. Así que no me quedó otra que incorporarme a dicho servicio y dejarme llevar sin más. Había una especie de gran túnel de luz que conectaba cielo y tierra por donde las almas de los fallecidos subían raudas, como si de un inmenso ascensor divino se tratara. El caso es, que estas almas que desencarnaban, lo hacían todas con una sonrisa, con agradecimiento, felices. Ya os podéis figurar donde habían quedado, ya por entonces, las proyecciones de drama, de necesidad, de catástrofe, con las que mi mente había calificado de antemano el asunto. En conclusión, nada, absolutamente nada, es lo que aparentemente parece, pues lo aparente forma parte de la apariencia, no de la realidad.

  A través de los años de vida y experiencias esta conclusión no ha hecho más que confirmarse. Y llegamos aquí, ahora, a nuestro presente, donde nos vemos embarcados, aparentemente, en una travesía de características dramáticas, para muchos apocalípticas incluso. ¿Es esto real? ¿Se están marchando tantas almas como dicen? ¿Se marchan estás almas con pena? ¿De quién es la responsabilidad de esta marcha?

  La cuestión es la siguiente: como en los casos anteriormente nombrados convendría aventurarse a descorrer el velo y atreverse a descubrir, cada uno en la medida de sus posibilidades, la realidad. Para ello, es condición indispensable desprenderse de paradigmas limitantes que tienen su origen en el inmenso miedo que en ti reside.

  Las almas que se marchan, todas y cada una, se marchan porque así lo han decidido. Lo deciden ellas no tú. La responsabilidad es suya no tuya. ¿Quién te crees que eres para "hacerte responsable" de la vida de otro? ¿Crees realmente que tú decides sobre el momento de marcharse de otra alma que no sea la tuya propia? Al igual que decidimos cómo, cuando, y de qué manera venimos a este mundo, decidimos cómo marcharnos. Estamos ciegos si pensamos que somos los dueños de los designios de la vida de otro. Estamos para aportarnos, para acompañarnos, para guiarnos, pero la decisión, sea la que sea, es de cada uno. Así que, por favor, intentémoslo, seamos humildes para compartir desde el lugar donde cada uno se encuentre. Llevemos la plena aceptación de cada momento que se vive como bandera en nuestra existencia. Entonces la libertad, la auténtica libertad que es la total ausencia de miedos, se manifestará. Dejaremos de elucubrar, de enredarnos en ruidos sin fin que no llevan a ninguna parte, de juzgar a los demás, y cuando hablemos, será siempre desde esa paz infinita que todos llevamos dentro y que estamos destinados a descubrir. 








domingo, 10 de enero de 2021

Agrupación de Charlas de Juan Luna

   Os comparto aquí un canal particular de youtube donde se agrupan la práctica totalidad de mis últimas charlas. Gracias al Rincón de Kiko por su inestimable colaboración e iniciativa podemos disponer de ellas a través de un único enlace. Que las disfrutéis como yo las he disfrutado compartiéndolas con vosotros.




domingo, 3 de enero de 2021

Hasta Eso

"Hasta eso lo haces mal"
le decía el espejo mágico
de su habitación
en la intimidad.
Entre charlas y artificios
se escondía de la verdad
y cuando miraba al espejo
éste le hacía callar.
Quería hablar argumentos,
la idea quería ganar,
pero todo era un invento,
nada parecía funcionar.
Y dentro de sí mismo
corría a refugiar su paz
pues cada vez que miraba
el espejo no tenía piedad.
Repitiendo una vez tras otra
la cruda realidad,
que lo que creía cierto
era una pantomima, nada más.
Cuando aprendió las mágicas palabras
que el espejo quería escuchar,
se dio cuenta que él era el mago
y todo empezó a cambiar.
Supo verse en el espejo.
Supo mirarse en la intimidad,
y lo que antes era un tormento
se convirtió en felicidad.





jueves, 10 de diciembre de 2020

Anónima Identidad

En lo profundo del pozo
me refugié.
No quería saber nada.
No quería saber quién.
En brazos del anonimato
mi nombre se fue.
No tenía identidad alguna,
simplemente decidí ser.
Desaparecieron las ataduras,
conceptos, creencias,
¿para qué?
Me convertí en indefinido, ilimitado,
grande y pequeño a la vez.
No necesitaba nada.
Todo era placer.
Aprendí a estar vivo,
como nunca antes
lo supe aprender.




 

lunes, 30 de noviembre de 2020

Te has olvidado

 ¿Te has olvidado
de abrazar a tu prójimo
como a ti mismo,
sin distancias ni distingos,
siendo los dos uno por completo?

¿Te has olvidado
de que tu palabra
sea un beso eterno
que acaricie los oídos 
y disipe los lamentos?

¿Te has olvidado
de mirar a los ojos de la gente
para que vean su calma
a través de los tuyos
y se sientan acogidos?

¿Te has olvidado
de quién es tu único dueño
al que debes servicio
sin ni siquiera saberlo?

¿Te has olvidado
del amor que eres
dejándote poseer
por el miedo a una muerte
que no es más que parte de la vida?

Dime,
querido compañero de viaje,
¿te has olvidado?

martes, 24 de noviembre de 2020

La Divinidad

   Os comparto el video de la charla sobre "La Divinidad" que se desarrollo el pasado día 20 a las 19 horas, vía online. Gracias al Rincón de Kiko por su labor de gestión y difusión y a todos los asistentes por vuestra presencia.



Sociedad Espejo

   Existía una sociedad llamada Espejo donde todo el mundo, sin saberlo, estaba condenado a mirarse a sí mismo. Ibas paseando por tu vida y, cada persona, cada acontecimiento con el que te encontrabas, te estaba hablando de ti. Sin embargo, en tu ceguera, tú seguías aferrado a la idea de que hablabas con otros, cuando la única y firme verdad es que, una y otra vez, no dejabas de hablar y ver otra cosa que no fueras tú. Bajo esta premisa vital, te subías constantemente al trono del orgullo, al compararte con otros y pensar que eras superior a ellos. Todo esto te llevaba a emitir juicios de valor sin medida que bajo la manta consistente de tu sistema de creencias tomabas como auténtica verdad, pero la realidad era bien distinta.

  Metido en tu propio autoconvencimiento pensabas que vivías en un sitio al que denominabas país, al que atribuías una bandera como estandarte distintivo y que era alimento de ese trono de orgullo en el que te encontrabas firmemente asentado. Y continuabas sin verte, hipnotizado, perdido en la entelequia de la separación, del favoritismo, de lo bueno y lo malo. Pero, aun así, la sociedad Espejo no hacía otra cosa que hablarte de ti. Ibas por la calle y creías ver los anuncios publicitarios donde otras personas te mostraban lo que deberías tener, lo que deberías hacer, lo que deberías ser, pero, una vez más, todo era producto del juego. Un juego individualista donde te creías distinto, diferente, mejor. Permitiéndote así establecer las reglas del mismo como únicas, exclusivas, indiscutibles, y apartando a todo aquél que no estuviera en consonancia  con las mismas. Así, sin apenas darte cuenta, empiezas a tomártelo todo en serio, dejas de divertirte, dejas de jugar. En definitiva, estás encerrado en un juego donde no te permites jugar.

  Olvidado e inconsciente de tu naturaleza de jugador, sufres, y llegas incluso a dejar tu ficha abandonada en medio del tablero. Sigues pensando que son otros los que juegan por ti y gritas, pataleas, te quejas, despotricas, porque no te gustan los entresijos de una estructura creadora de la que eres total, absoluta y plenamente responsable. Y la sociedad Espejo continua su marcha inexorable, siempre presente, siempre mostrándote, jugando al juego del yo para que veas por fin que tú eres cada instante. Unos y otros irán y vendrán, múltiples espejos para cada aprendizaje. Tú, tan sólo tienes que aprender a mirar, para poder ver, en cada uno, que es tu alma la que está llamándote.