viernes, 23 de febrero de 2018

El vendedor de felicidad

  El vendedor de felicidad recorría los caminos aparentemente menos transitados, donde las multitudes escaseaban al momento, donde una mirada era el anuncio de una oportunidad de descubrimiento, donde un gesto era una confirmación del amor que llevamos dentro. Su tarjeta de visita era la sonrisa, la contraseña por todos validada para que la felicidad fuera manifestada. El vendedor de felicidad no quería contrapartida, pues en el simple hecho de compartir residía. Su gratificación era la felicidad misma, que con amplia generosidad repartía. Sin embargo, las multitudes, de sus amaneceres huían, y parloteando sin parar vivían perdidas. Abarrotadas de conceptos las gentes querían ver, pero, en su noche, la oscuridad les invadía. Aunque el vendedor lleno de ofertas felices por su lado pasará, en su negrura sublime, no veían nada. Y la insensibilidad era tal, que por mucho que el vendedor gritara, sus oídos sordos, cerrados a escuchar estaban. El vendedor supo en todo ello discernir lo que el asunto comunicaba y sabiamente decidió retirarse a aquellos lugares donde la sonrisa, de por sí, abundaba. Así, de esta sutil manera, descubrió la infancia. Y vio como los niños la sonrisa la llevaban incorporada. Nada vendió, pero no hizo falta, pues la felicidad allí estaba multiplicada. Más adelante, con la "edad del júbilo" se encontró. Aquí había menos sonrisas, es verdad, pero las que había emitían una paz inusitada y tenían la capacidad de transmitir todo aquello que, él mismo, con tanto fervor practicaba. Entonces, se dio cuenta también que en ese lugar su venta tampoco era necesaria. Finalmente, se topó con los que adultos a si mismos se llamaban. Estas personas eran los principales integrantes de las multitudes antes mencionadas. Ellas pensaban mucho en la felicidad y cuanto más pensaban más de ella se alejaban. No obstante, algunas de ellas empezaban a descubrir que en la multitud todo se distorsionaba, debido a lo cual empezaron a dejar los caminos atestados para refugiarse en su humilde morada. Allí, en la morada de su corazón, el Amor les hablaba y casi sin darse cuenta en el camino de la sencillez sus pasos se hallaban. Curiosamente, en ese camino el vendedor de felicidad a todas horas estaba y la puerta de la sonrisa se dibujaba en todas las caras. El eco de este esplendor en todos los caminos vibraba y entonces, la felicidad y su vendedor, se volvieron universales, pues todo el mundo reconoció, al fin, que ser feliz era el verdadero estado de su alma.

sábado, 3 de febrero de 2018

Un día de Febrero

Un día firmado en el calendario.
Un día sin santo, vela, ni rosario.
Un día incendiario, proscrito,
donde los labios huidizos
buscan encontrar su sitio.
Un día que levanta el mar
y se esconde en los riscos,
tempestuoso y maldito.
Un día olvidadizo,
donde las mariposas
vuelan en el abismo.
Un día hambriento de sacrificios,
perdido en sombras
que le dan cobijo,
callando secretos
que estuvieron vivos.
Un día marrón, gris,
incluso enamoradizo,
contradictorio en sus permisos.
Un día que muere y resucita,
metido en un bucle
sin fin ni principio.

viernes, 26 de enero de 2018

El jarabe del "darse cuenta"

Algunos semáforos reparten curvas
escondidos en las sonrisas misteriosas
de los ojos de la medianoche.

Las señales te dan los buenos días
refugiadas en su atalaya de encrucijadas
para indicarte la dirección de tu camino.

Los árboles se alzan majestuosos
entre contaminaciones imberbes
demostrando su gigantesca naturaleza
llena de vida.

Los vehículos fuman desesperados
emitiendo al mundo sus gases de miedo
sin que el valor de la nicotina
baje de cotización.

Las nubes se reúnen buscando lluvias
desaparecidas tras la ignorancia
de un agua que no quita ya la sed.

Los dirigentes, marionetas de lo absurdo,
parlotean despavoridos gritando hazañas
que no tienen sentido.

Y el ciudadano, es un juguete roto,
consumido por el virus de la manipulación,
que no tiene otro arreglo
que empezar a tomarse el jarabe del "darse cuenta"

Y tú, ¿sabes donde está tu jarabe?

jueves, 25 de enero de 2018

El molde de tus pisadas.

Las huellas de mis heridas
se perdieron en el abismo.
El molde de tus pisadas 
me sirvió de cobijo.
Las lágrimas quedaron atrás
bajo el paraguas del olvido.
Ahora todo es avanzar
con consciencia y sin remilgos.
La distancia no tiene final
pues mi Ser es infinito.
Allí donde deba estar
me hallaré pleno en servicio.
Oyendo a tu corazón cantar
abrazado junto al mío.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Un té con Julia

Uno de los más novedosos espacios de difusión creados por la Asociación Hinneni, a la que tengo el gusto de pertenecer, es "Un té con Julia". El pasado mes de Octubre tuve ocasión de asistir a dicho programa y compartir con ella, Julia Rabadán, un momento maravilloso. Aquí os dejo el video que se realizó de nuestro encuentro.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

La habitación de mi alma

En la habitación de mi alma
hay tres ventanas abiertas.
Tres ventanas peculiares
que tienen dada la vuelta,
pues sólo el que mira hacia dentro
puede ver su belleza.
Si miras hacia fuera
nada ves que merezca la pena.
Una obra de teatro
que ni termina ni comienza,
donde todos participan
sin apenas darse cuenta,
viviendo disfrazados 
con la ignorancia puesta.
Viene a verme el deseo
de ver más allá de la puerta,
y cuando a mis ventanas se acercan
no saben darse la vuelta.
Siguen viendo lo de siempre,
un dibujo de existencia,
como un atlas deformado
que a ningún sitio lleva.
Buscan mapas erróneos,
lugares que no tienen presencia,
y acaban descolocados
sin obtener respuesta.
Cuando llegue su momento
y en el espejo mirando vean,
sabrán que sus ventanas son las mías,
hechas de la misma materia.
Así descubrirán por fin
que nuestras almas infinitas
en la misma habitación se encuentran.

martes, 19 de diciembre de 2017

El espejo de la humanidad

Al grupo de sanación Juan Luna.

El maestro pronunció una breve charla sobre sus experiencias con la humanidad. Hablaba de las virtudes de la humanidad como espejo.

Para sanar profundamente es necesario "reconoSERse". Disponer de un espejo humano en el que mirarse. Los espejos te devuelven una imagen sin falsearla. Somos nosotros con nuestras interpretaciones quienes deformamos lo que vemos al mirarnos. 

El espejo HUMANO necesita de gente, de mucha gente. Gente dispuesta a mostrarse para que te veas. Será en uno de sus reflejos que reconocerás tu propia interioridad. Tus heridas se dan la mano de otras heridas de otras personas, y pierden la exclusividad, el lamento del dolor.

En el espejo humano, las heridas conectan con su origen y son menos hirientes. Permiten su tránsito hacia otros estados. Desde el silencio que nos guarda y recrea, si permitimos al espejo humano que nos hable, todo se asienta para comenzar su propia maduración. Es el comienzo de la transformación de la propia mirada.

El espejo humano com-parte sin partirse. Une sin forzar. Te adentra sin separarse del exterior. Te vincula con todo desde una esencia que ama la vida y cada experiencia que se presenta.

Gracias por ser reflejo del espejo de esta humanidad que me ayuda a "reconoSERme".

Autor: José Antonio Segovia.