viernes, 27 de abril de 2018

Quiero encontrar mis ojos

Quiero encontrar mis ojos
en el balcón de tu mirada,
saber que te miro,
saber que me miras,
desde lo alto.

Quiero encontrar mis ojos
sin separarme de los tuyos,
siguiendo el regocijo de tus pupilas,
escondido en la luz de tus misterios.
Anhelante.

Quiero encontrar mis ojos,
aunque no estén perdidos,
para mirarte de veras 
y saber que estás conmigo.
Amándome.

Quiero encontrar mis ojos,
cien veces, mil, sin motivos,
por el placer de mirarme,
sentirme reconocido.
Contigo.

Quiero encontrar mis ojos
viéndome en tus párpados dormidos,
que como persianas abriéndose al abismo
me entregan el sol al verme.
Abastecido.

Quiero encontrar mis ojos
en el lenguaje de tu amor sencillo,
quedarme allí para siempre
abrazando tu mirada.
Bendecido.

Quiero encontrar mis ojos.
Quiero encontrar los tuyos.
Mirando ambos lo mismo,
el uno al otro,
y estará todo dicho.

jueves, 19 de abril de 2018

El pájaro de la ventana

Un pájaro en la ventana
anidaba en sí mismo,
su reflejo miraba.

Quería volar,
sabía que tenía alas,
pero de tanto esperar
se habían vuelto extrañas.

Escapó a la flor del miedo,
su fragancia lo asustaba.
Marchó a un jardín nuevo
donde las flores cantaban.

Allí empezó a oír
la belleza en su tonada,
sus alas al batir
música creaban.

El sonido atrajo a otros
que en el jardín se preguntaban
¿Quién es este pájaro extraño?
que tras la ventana estaba.

Era un pájaro sin nombre,
a todos los nombres nombraba,
había aprendido a volar
más allá de su ventana.

Y aunque a veces a ella volvía,
y el cristal de su reflejo limpiaba,
lo único que hacía era verse
allí donde todos estaban.

Así animaba a los otros
a abandonar su ventana,
encontrando su lugar,
su destino, su tonada.

Reunidos en el mundo real,
lleno de flores raras,
todos juntos se encontraban
en un jardín sin vallas.

El pájaro extendió sus alas,
volviendo a su ventana,
para así poder ayudar
a quien volar necesitara.


domingo, 8 de abril de 2018

La dimensión insondable

  El próximo viernes día 13, a partir de las 19 horas, tendré el placer de compartir con los asistentes una charla en la que trataremos sobre la totalidad, el infinito, lo inabarcable, las energías, el universo... y todo aquello que, lo sepamos o no, forma parte de nuestra naturaleza esencial. Dicho encuentro se realizará en el Rincón de Kiko, en calle San José 21-23 41004 Sevilla. Sed bienvenidos.

 


Ahora

Quiero llorar por esos momentos 
de profunda decepción.

Todos esos instantes
en los que no me ame.

En los que perdí mi integridad.

Esos momentos en los que el equilibrio
no estuvo en mi Ser
y no me honré a mí misma.

Mi resistencia impidió que la luz divina 
en mí se manifestara,
como parte de la creación única.

Lloro por la palabra que destruye.
Y lloro por la palabra que une
y que jamás se pronunció.

Hubo días en los que el orgullo
se antepuso al amor.

En los que tener razón
se antepuso al amor.

En los que la necesidad
se antepuso al amor.

En los que la expectativa
cambió el amor por decepción.

En los que me faltó reconocerte.

Siendo con tus brazos
calentando los míos
en el invierno del alma.

Días sin amor,
con tanto amor encerrado.

Y ahora estoy aquí,
desconcertada.

Al mirarte a los ojos
y que casi no me reconozcas.

Al mirarme en tus ojos
y casi no reconocerme.

Sin embargo,
soy yo, amor.

Ahora sí.

Autora: Isabel Bermudo.


lunes, 26 de marzo de 2018

Tu rostro

Es tu rostro el que me llama
a lo lejos, soplando vientos
que murmuran mi nombre.

Es tu rostro el que se esconde,
sigiloso entre las nubes,
de una lluvia aproximada 
por la sed de mis labios.

Es tu rostro el que describo
cuando miro la vida sin artificios
entregándome a una imagen
que también es la tuya.

Es tu rostro el que 
ahuyentado de caricias,
rebosa mi amor por todas partes
y me sonríe generoso.

Es tu rostro, amada mía,
el que sin comparaciones me delata,
convirtiéndome en el amante de los amantes,
infinitamente satisfecho.

Es tu rostro que es el mío,
porque al mirarnos a los ojos
sólo sabemos fundirnos,
y donde antes éramos dos
ahora somos lo mismo.


Mirlo

Negro sobre verde.
Mirlo en césped,
corredor de marcha silvestre.
Ritmo y simiente.





viernes, 23 de febrero de 2018

El vendedor de felicidad

  El vendedor de felicidad recorría los caminos aparentemente menos transitados, donde las multitudes escaseaban al momento, donde una mirada era el anuncio de una oportunidad de descubrimiento, donde un gesto era una confirmación del amor que llevamos dentro. Su tarjeta de visita era la sonrisa, la contraseña por todos validada para que la felicidad fuera manifestada. El vendedor de felicidad no quería contrapartida, pues en el simple hecho de compartir residía. Su gratificación era la felicidad misma, que con amplia generosidad repartía. Sin embargo, las multitudes, de sus amaneceres huían, y parloteando sin parar vivían perdidas. Abarrotadas de conceptos las gentes querían ver, pero, en su noche, la oscuridad les invadía. Aunque el vendedor lleno de ofertas felices por su lado pasará, en su negrura sublime, no veían nada. Y la insensibilidad era tal, que por mucho que el vendedor gritara, sus oídos sordos, cerrados a escuchar estaban. El vendedor supo en todo ello discernir lo que el asunto comunicaba y sabiamente decidió retirarse a aquellos lugares donde la sonrisa, de por sí, abundaba. Así, de esta sutil manera, descubrió la infancia. Y vio como los niños la sonrisa la llevaban incorporada. Nada vendió, pero no hizo falta, pues la felicidad allí estaba multiplicada. Más adelante, con la "edad del júbilo" se encontró. Aquí había menos sonrisas, es verdad, pero las que había emitían una paz inusitada y tenían la capacidad de transmitir todo aquello que, él mismo, con tanto fervor practicaba. Entonces, se dio cuenta también que en ese lugar su venta tampoco era necesaria. Finalmente, se topó con los que adultos a si mismos se llamaban. Estas personas eran los principales integrantes de las multitudes antes mencionadas. Ellas pensaban mucho en la felicidad y cuanto más pensaban más de ella se alejaban. No obstante, algunas de ellas empezaban a descubrir que en la multitud todo se distorsionaba, debido a lo cual empezaron a dejar los caminos atestados para refugiarse en su humilde morada. Allí, en la morada de su corazón, el Amor les hablaba y casi sin darse cuenta en el camino de la sencillez sus pasos se hallaban. Curiosamente, en ese camino el vendedor de felicidad a todas horas estaba y la puerta de la sonrisa se dibujaba en todas las caras. El eco de este esplendor en todos los caminos vibraba y entonces, la felicidad y su vendedor, se volvieron universales, pues todo el mundo reconoció, al fin, que ser feliz era el verdadero estado de su alma.