Una situación por muchos defenestrada. En desbandada corremos a huir de esta escurridiza dama rechazada por la sociedad imperante. Una sociedad programática, definitoria, sistemáticamente ausente de lo real que no hace otra cosa que intentar imponernos las instrucciones de un vivir sin vida en el que muchos andan mas que atrapados. Estar solo es una etiqueta que delimita los límites de un fracaso inventado al que muchas almas se ven arrastradas víctimas de la inconsciencia que las posee, que las abruma. "No puedo estar sólo". "No puedo estar sola". Y, aún estando "en pareja", vuelven una y otra vez las etiquetas sobre el cuándo, el cómo, el qué, en un desfile interminable de autoexigencias que te alejan cada vez más de lo único auténticamente real para ti, tú mismo. Sí, queridos compañeros y hermanos de experiencias, lo único que vemos una y otra vez somos nosotros mismos. Pero, ¿Qué eres tú? ¿Lo sabes o sólo crees saberlo? Mientras vivamos en la consciencia de separación donde la mente es la absoluta dominadora nunca sabremos plenamente lo que Es. Por tanto, estaremos viviendo a medias, con el freno de mano puesto, con limitadores de potencia adheridos a nuestra expresión energética. ¿Y esto es malo o bueno? ¿De verdad merece la pena planteárselo siquiera? Desde el momento en que nos hayamos prisioneros del mundo de las elecciones alimentamos cada vez más la división que nos aleja de la Unidad real que somos, que Es. Dediquémonos a vivir disfrutando de las experiencias sin juicio alguno, sólo así conseguiremos abrir las puertas de nuestro reconocimiento, para ello es necesaria la soledad. La soledad disfrutada y compartida contigo no tiene parangón, es la mejor compañía de todas. Ineludiblemente has de experienciar la "edad del sol" para que la luz de la creación se haga una contigo iluminando todo aquello que desees realizar como expresión de tu Ser. Abre los brazos a la soledad, hazte su amigo y el silencio que la acompaña te cantará al oído la melodía más hermosa que hayas podido oír jamás, tu propia melodía.
domingo, 16 de octubre de 2016
lunes, 29 de agosto de 2016
Hada amorosa
En un cuento de hadas donde todo era mágico vivía un caballero que todo su amor repartía. A todos y todas, sin excepción, este amoroso varón amaba sin medida, inmerso en el resplandor de ese amor que en todo su Ser resplandecía. Un día el caballero se deslumbró, quedó ciego, pero no lo sabía. Una amorosa hada había seguido sus pasos con pasión y alegría, pues en él se sintió reconocida. Ambos se habían reencontrado en el camino de la vida y el Amor se multiplicó hasta el infinito, hasta la Esencia misma. Fueron momentos de belleza, de pureza, de creación y armonía, pues el caballero aun veía. Pero una vez quedó ciego pretendía ver, cuando la realidad era bien distinta. Se dejó de amar y el hada, que siempre estuvo a su lado, también se contagió de este estigma. Hasta que un día, el hada, siendo consciente de la profunda ceguera que al caballero consumía, decidió que, deslumbrados ambos,caminar no podrían. Era tanta la luz que perdieron perspectiva, y el cuento de hadas, se desvanecía. El hada amorosa se marchó, porque sabía que el Amor que ambos eran siempre lo serían, y que así, el caballero recuperaría la vista. Llegado el momento, todos los resplandores del mundo deslumbrarlos no podrían, pues habrían llegado a ser tal Amor que todo brillo con ellos Uno siempre sería y, de este modo, el cuento de hadas nunca acabaría, sería la Vida misma.
"Mi inmenso agradecimiento y amor a todas aquellas hadas amorosas que se han cruzado en mi vida para hacerme ver mi ceguera".
lunes, 22 de agosto de 2016
Inmensidad
No tiene punto de partida.
No tiene principio,
tampoco final.
No hay itinerario
que marque el lugar.
No hay guías,
no hay mapas,
que te digan donde estás.
Eres tú, tú solo,
acompañando nada más.
Sin intervención,
sin protagonismo,
en el vacío de la inmensidad.
Llenándote en la nada,
vaciando lo irreal.
Estás en el sitio correcto
y siempre lo has de estar.
Quizás no lo sepas
pero eso da igual.
Algún día la sabiduría
en ti residirá.
En silencio, sin aspavientos,
en la profundidad de tu hogar.
Allí donde lo eres Todo.
Allí donde el Ser es estar.
No tiene principio,
tampoco final.
No hay itinerario
que marque el lugar.
No hay guías,
no hay mapas,
que te digan donde estás.
Eres tú, tú solo,
acompañando nada más.
Sin intervención,
sin protagonismo,
en el vacío de la inmensidad.
Llenándote en la nada,
vaciando lo irreal.
Estás en el sitio correcto
y siempre lo has de estar.
Quizás no lo sepas
pero eso da igual.
Algún día la sabiduría
en ti residirá.
En silencio, sin aspavientos,
en la profundidad de tu hogar.
Allí donde lo eres Todo.
Allí donde el Ser es estar.
viernes, 22 de julio de 2016
Sildavia
"No tengas miedo de perderte, no. El tiempo pasa tan despacio en Sildavia. No hay desiertos. No hay falsa pasión."
Este es el estribillo de la canción "Sildavia" con la que el grupo español La Unión abría su primer disco allá por el año 1984. Curiosamente, ya en aquellos tiempos, como en todas las épocas en realidad, detrás de lo aparente estaba el mensaje de consciencia para todo aquel que estuviera preparado, es decir, que tuviera ojos para verlo. En este caso que nos ocupa, la primera referencia se hace directamente al todavía origen de la mayoría de las acciones del ser humano, el miedo. Se nos invita a que no tengamos miedo de perdernos, ya que el paso ineludible para encontrarse es darte cuenta de que estás perdido. Cuando te haces consciente de que estás perdido empiezas a encontrarte, porque mientras esto no sea así, seguirás dando vueltas en un eterno ciclo sin fin ni principio, embaucado por las estructuras limitantes de una mente ansiosa de dominio que no deja escapar ni un sólo gramo de auténtica libertad de tu Ser esclavo. Es tu elección. Es respetable. Pero permaneces invadido por la perturbación de un falso control, de una vida pretendidamente ordenada que no tiene sentido, pues eso no es vivir.
La segunda mención se hace al tiempo. El instrumento rey que hace germinar en cada corazón la atadura invisible al reloj artificial de una escasez inventada. Un soberano que gobierna transgrediendo todos los ritmos habidos y por haber y te lleva a ser el súbdito anodino de tu propia existencia. Y aunque intentas rebelarte, el dinámico tic tac de la monotonía te hace prisionero y mueres en vida pensando que pierdes un tiempo que no existe.
A su vez, se nos invita a ir despacio. Así podrás observarte y acceder al reconocimiento de tu propio ritmo. Ese ritmo que marca tu auténtico devenir en lo absoluto, en lo creado, en lo que Es.
Por último, se nos dice que no hay desiertos ni falsa pasión. Somos un vergel donde se manifiesta la variedad del Uno. La vida se expresará gloriosa e infinita allá por donde decidamos encaminar nuestros pasos. Por tanto, atrevámonos a Vivir de una vez por todas. Entreguémonos al sentimiento pleno de vibrar en el Amor que somos. De este modo, compartiéndonos, amándonos, nuestra consciencia de eternidad se hará cada vez más presente y todos nuestros actos serán, por fin, el fruto verdadero e ilimitado de nuestra Esencia.
miércoles, 13 de julio de 2016
Maltrato
Si investigamos en la raíz de esta palabra que nos da hoy título vemos que, básicamente, se compone de dos que se hacen una, el adjetivo "Mal" junto con el sustantivo "trato". Concentrándonos en esta última nos damos cuenta que el sinónimo de la misma es un acuerdo, lo que, a su vez, nos da directamente de bruces con la cuestión de que una situación de maltrato está acordada por los sujetos intervinientes en la misma. Por otro lado, el adjetivo "mal" nos califica el hecho como algo pernicioso, desagradable, que es preferible evitar.
Reflexionando sobre ello enseguida se nos pueden plantear distintas cuestiones:
- ¿Cómo es posible que lleguemos a este tipo de trato-acuerdo?
- ¿Cuál puede ser el sentido del mismo?
- ¿Qué actitud se suele seguir y cual podría ser la más conveniente?
La rotunda y clara respuesta que está detrás de cualquier situación de este tipo es darte cuenta de la alarmante falta de amor que existe en tu Ser profundo. Ya seas el sujeto o el objeto de este mal trato es esa carencia grave de amor la que ha hecho que tu íntima divinidad tenga que hablar a gritos para que, de una vez por todas, te escuches, emerjas de las profundidades de tu inmenso ruido, y empieces a reconocerte. Has llegado hasta aquí porque has caminado ciego, te has empeñado tanto en no ver que no has aceptado ni los bastones ni los perros-guía que han ido surgiendo por el camino, cayendo finalmente, a plomo, al pozo oscuro de tus ignorancias. A partir de ahí, vas atrayendo la experiencia sin apenas darte cuenta, y cuando todos los actores estáis preparados, comienza la obra, cada uno se sitúa en su papel, y tú en el tuyo, el que hayas decidido experienciar para hacerte consciente, ya sea el de mal-tratador (sujeto) o el mal-tratado (objeto). El primer paso, ya que es lo que se está acostumbrado a hacer por la proyección-manifestación de los diferentes "daños colaterales" será huir, huir de nosotros mismos, que es lo que hasta ahora mejor sabíamos hacer. Pero, a medida que el brillo de la consciencia nos ilumine, el huir dejará de ser huir, para convertirse en apartarse, y desde ese apartado, desde ese recóndito lugar del corazón donde reina el silencio, descubriremos que el amor que creíamos que nos faltaba siempre había estado ahí, esperando, paciente y generoso, que tú, yo y todos, vibráramos en la natural frecuencia de una existencia que ha sido, y siempre será, una con nosotros.
viernes, 8 de julio de 2016
Patada a seguir
Te crees preparado para la recepción cuando el esférico de la vida surca el aire dirigido a unos brazos que son su destino. Estos se encuentran abiertos esperando la llegada, añorando el dulce encuentro que confirma que la patada a seguir ha sido la correcta. Pero entonces, sin previo aviso, el esférico pasa de largo sin detenerse a mirarte siquiera. Resbala por el campo de juego de tus pensamientos establecidos y acaba por completo con cualquier estructura de defensa prefijada que tú te hubieras atrevido a plantear. Estabas fuera de juego, amigo, y la providencia, certera compañera de situaciones inverosímiles, te trae consigo los elementos precisos para que puedas replantearte la nueva jugada. Una jugada que admite todos los juegos en sí misma, nada excluyente, integradora, sanadora, completa. Todo sirve y todo vale en este nuevo partido. Es un partido infinito, fluido, libre de juicios, reproches, calificaciones, y lleno por completo de Amor. Aquí la patada es bienvenida, agradecida, venga como venga, por detrás, por delante, de soslayo o al instante. Y el esférico, ese esférico que parecía pasar de largo movido por el empuje de tus ignorancias, se reencuentra contigo regenerado por la calidad de las estrellas. Brilla, porque tú brillas, y va directo a la resolución del conflicto. Ese conflicto que creías desaparecido, pero que ,agarrado a las últimas hebras de desconfianza de tu Ser auténtico, se resistía a abandonarte, y escondido de tu presencia, esperaba la oportunidad para manifestarse. Finalmente, recuperado de tus ausencias, vuelves a ti, el esférico y tú sois lo mismo, y tu corazón, fundido con la vida, no puede hacer otra cosa que regocijarte.
viernes, 24 de junio de 2016
Números rojos
Perdí la cuenta
de las veces que te necesité.
Me di por vencido,
sabiendo que no te necesito.
Los números rojos
que alimentaban el miedo del exigir
quedaron saldados,
no tengo deudas,
soy yo mismo.
Hago balance y todo cuadra.
El conocerte por sorpresa
y el no saber
si te he perdido.
Devoré tus extrañezas,
tus sentires prohibidos,
subí a tus cumbres más altas,
llené tus vacíos,
sin apenas haberte visto.
Cuando toqué tierra
seguías conmigo,
no te habías ido.
Me abandoné a la libertad
de sentirme divino,
y tú me encontraste,
a tu lado, bendecido,
porque, en realidad,
jamás había partido.
de las veces que te necesité.
Me di por vencido,
sabiendo que no te necesito.
Los números rojos
que alimentaban el miedo del exigir
quedaron saldados,
no tengo deudas,
soy yo mismo.
Hago balance y todo cuadra.
El conocerte por sorpresa
y el no saber
si te he perdido.
Devoré tus extrañezas,
tus sentires prohibidos,
subí a tus cumbres más altas,
llené tus vacíos,
sin apenas haberte visto.
Cuando toqué tierra
seguías conmigo,
no te habías ido.
Me abandoné a la libertad
de sentirme divino,
y tú me encontraste,
a tu lado, bendecido,
porque, en realidad,
jamás había partido.
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