No puedo nombrarte
sin amarte.
Mis labios hambrientos
pelean palabras,
ansiosos por llamarte.
Unas son atrevidas,
otras tímidas,
otras inclasificables,
todas buscando un destino
que está de tu parte.
Mientras, mis ojos dormidos,
desean también despertarse.
Ellos quieren participar de ti,
sin que la envidia los acobarde.
Y qué decir de mis manos,
humildes hacedoras,
dueñas de un tacto
que no tiene dónde agarrarse,
solo buscan tocarte.
Mis oídos,
no tienen silencio,
si no pueden escucharte,
ajenos al ruido imperante
te buscan en ese vacío,
donde parece no haber nadie.
Todos mis sentidos
se vuelven ociosos,
cuando te tengo delante,
porque, al fin y al cabo,
yo, lo único que hago,
es amarte.