El pasado lunes 18 tuve el inmenso placer de ser invitado al programa radiofónico "Las cuatro estaciones" de Radiópolis. Allí, con motivo de mi próxima charla "Integrando la polaridad", que se celebrará el próximo viernes 29 a las 19 horas en el Rincón de Kiko (se adjunta cartel), estuve departiendo sobre el tema con mis amigos Rafael Bascón y Manuel Párraga. Este último, a su vez, me invito a su sección "El camino del silencio", donde hablamos de la presencia.
jueves, 21 de noviembre de 2019
sábado, 9 de noviembre de 2019
La voz
La voz es callada,
humilde, no habla,
no dice.
La voz está despierta
cuando el yo no existe.
La voz es certera,
sabia, presente,
libre.
La voz transmite,
sana, vive,
parece invisible.
La voz acompaña,
acoge, abraza,
es sensible.
La voz es mañana.
es ayer, es hoy,
es siempre.
Es instante, es ahora,
infinita, sin límite.
La voz no tiene dueño,
es de todos, es de nadie,
silenciosamente audible.
Es esencia expresada,
comunica lo increíble.
La voz es eterna,
el tiempo no la mide.
Es belleza, alegría,
gozo, algo indescriptible.
La voz es callada,
es humilde, no habla,
no dice.

humilde, no habla,
no dice.
La voz está despierta
cuando el yo no existe.
La voz es certera,
sabia, presente,
libre.
La voz transmite,
sana, vive,
parece invisible.
La voz acompaña,
acoge, abraza,
es sensible.
La voz es mañana.
es ayer, es hoy,
es siempre.
Es instante, es ahora,
infinita, sin límite.
La voz no tiene dueño,
es de todos, es de nadie,
silenciosamente audible.
Es esencia expresada,
comunica lo increíble.
La voz es eterna,
el tiempo no la mide.
Es belleza, alegría,
gozo, algo indescriptible.
La voz es callada,
es humilde, no habla,
no dice.

domingo, 20 de octubre de 2019
Todos
Yo tal vez no seré, tal vez no pude,
no fui, no vi, no estoy:
¿Qué es esto? ¿Y en qué junio, en qué madera
crecí hasta ahora, continué naciendo?
No crecí, no crecí, ¿seguí muriendo?
Yo repetí en las puertas
el sonido del mar,
de las campanas.
Yo pregunté por mí, con embeleso
(con ansiedad más tarde),
con cascabel, con agua,
con dulzura:
siempre llegaba tarde.
Ya estaba lejos mi anterioridad,
ya no me respondía yo a mí mismo,
me había ido muchas veces yo.
Y fui a la próxima casa,
a la próxima mujer,
a todas partes
a preguntar por mí, por ti, por todos:
y donde yo no estaba ya no estaban,
todo estaba vacío
porque sencillamente no era hoy,
era mañana.
¿Por qué buscar en vano
en cada puerta en que no existiremos
porque no hemos llegado todavía?
Así fue como supe
que yo era exactamente como tú
y como todo el mundo.
Pablo Neruda
no fui, no vi, no estoy:
¿Qué es esto? ¿Y en qué junio, en qué madera
crecí hasta ahora, continué naciendo?
No crecí, no crecí, ¿seguí muriendo?
Yo repetí en las puertas
el sonido del mar,
de las campanas.
Yo pregunté por mí, con embeleso
(con ansiedad más tarde),
con cascabel, con agua,
con dulzura:
siempre llegaba tarde.
Ya estaba lejos mi anterioridad,
ya no me respondía yo a mí mismo,
me había ido muchas veces yo.
Y fui a la próxima casa,
a la próxima mujer,
a todas partes
a preguntar por mí, por ti, por todos:
y donde yo no estaba ya no estaban,
todo estaba vacío
porque sencillamente no era hoy,
era mañana.
¿Por qué buscar en vano
en cada puerta en que no existiremos
porque no hemos llegado todavía?
Así fue como supe
que yo era exactamente como tú
y como todo el mundo.
Pablo Neruda
viernes, 18 de octubre de 2019
Vengo, voy y vengo
Los que sabemos que la consciencia está en todas partes no podemos evitar hacernos eco, al menos de vez en cuando, de las inmensas manifestaciones de amor que el estar en su sintonía provoca. En dicho estado, la creatividad fluye con la sencillez de lo bello y la hermosura del Ser sale a relucir, para que aquellos que son capaces de mirarse a sí mismos viendo a los demás, puedan abrazarla.
Es el caso de esta poderosa canción de Antonio Zambujo y Mon Laferte, que nos dice:"...soy todo aquello que no puedo llamar mío" ; "...soy mucho menos lo que sé que lo que siento". Pura entrega con el desapego como instrumento para dejar atrás el ego. Aquí os comparto, con todo mi amor, esta joya, salida de la mano de Jorge Drexler.
lunes, 14 de octubre de 2019
El Don nadie
Había un señor que en el discurrir de la vida perdió su nombre. En una esquina se le quedó enganchado y cuando volvió a buscarlo se lo habían llevado. Desde entonces pasó a ser un "no identificado". Nadie sabía como llamarle y en su silencio seguía buscando. Ni siquiera él se atrevía a llamarse no fuera a ser que algún nombre equivocado le cayera de lo alto. Este hombre, a quien nadie sabía dirigirse, siguió, no obstante, caminando. Visitó lugares que jamás hubiera imaginado pues la invisibilidad de no ser nombrado le servía para pasar sin alterar los pasos. Esto hizo que algo en su porte fuera cambiando. Las personas lo miraban, sentían un sentir extraño. Ese hombre, sin hablar, les decía todo lo que estaban pensando. Era como mirarse a uno mismo en alguien que parecía estar en todos lados. A partir de dicho momento, se corrió la voz. Las gentes lo seguían como a un santo. Y de no ser nadie, paso a ser Don, pues su nombre en una esquina se perdió enganchado.
.
domingo, 22 de septiembre de 2019
El hombre sin palabras
Érase una vez un hombre que no sabía qué decir. Las palabras se le amontonaban revoltosas en la boca y, si salían, se armaba "la de San Quintín". Algunas eran rápidas, agresivas, pugnando por salir. Querían ser las primeras a toda costa, sin sentido, sin orden, sin pausa en su devenir. Otras rara vez salían, eran extrañas, tímidas, tranquilas, profundas, con contenido y raíz. Este hombre callado era un paria en un mundo de palabras hostil. Había observado que esta enfermedad contagiosa se extendía del uno al otro confín. Todos querían decir algo aunque las palabras no existieran de por sí. Así, caminaban exhaustos de tanto que decían, sin nada que decir. Les faltaba el aire pues la respiración, antes poderosa, no tenía hueco entre tanto desparrame de prisas, y se sentía morir. Las bocas se habían vuelto grandes y tragaban y soltaban sin darse tiempo a digerir. Nuestro hombre, de boca pequeña, era un insulto para muchos que cuando sentían su silencio huían, por miedo a que sus bocas no se volvieran a abrir. Estaba solo, sí, pero era feliz. Él susurraba, cantaba bajito, y su melodía se empezó a expandir. Sentía que hablar poco era la llave para decir mucho y poder de verdad vivir. Ese suave susurro empezó a encantar a muchos y las bocas no tuvieron otro remedio que empezar a cerrarse por fin. En el caminar de la vida la gente de silencio destacaba por todo lo que tenían que decir. Sus palabras, escasas y certeras, jamás se peleaban por salir. Nuestro hombre de no decir nada pasó a decirlo todo y sus palabras, que siempre fueron pocas, eran caricias que gustaba recibir. De paria pasó a maestro, maestro del no decir. Desde entonces, todos hablamos desde el silencio, y cuando el silencio se ha ido, nos callamos, para así poder sin palabras decir: "Querido silencio soy tu amigo. Ven conmigo. Estoy aquí".
viernes, 20 de septiembre de 2019
El multibeso
Ellos los pinceles,
yo soy el lienzo.
Sus besos me pintan
el rostro de cielo.
Estoy en las nubes
aunque esté durmiendo.
Su amor me regala
el arte en un gesto.
Todas las mañanas
finjo estar despierto.
Abro los ojos en sueños,
la veo sin miramientos.
Así la recibo siempre
esperando mi multibeso.
yo soy el lienzo.
Sus besos me pintan
el rostro de cielo.
Estoy en las nubes
aunque esté durmiendo.
Su amor me regala
el arte en un gesto.
Todas las mañanas
finjo estar despierto.
Abro los ojos en sueños,
la veo sin miramientos.
Así la recibo siempre
esperando mi multibeso.
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